Y llegamos a la capital camboyana Phnom Pehn luego de un trayecto en bus semicama, dejando de lado los incómodos sleeping bus vietnamitas. Ni bien bajamos del bus los típicos tuctuqueros se acercaron para ofrecernos llevarnos a los hoteles como es de costumbre, como el que teníamos en vista estaba a una distancia caminable, rechazamos, sin poco esfuerzo, sus servicios.
Los dos primeros días en esta gran linda ciudad los dedicamos a tratar de conseguir la visa australiana, que cuando parecía estar todo en marcha decidimos cancelar el trámite para disfrutar aun más el sudeste asiático.
Visitamos sus templos, caminamos por la costanera, rechazamos entrar al palacio real y comimos en un restaurante hindú, lo que nos planteó la duda si era como ir a un bar irlandés en Alemania.
Al terminar el tour preguntamos si todavía quedaban simpatizantes del partido político que había cometido aquellas atrocidades, la respuesta fue tan esperada como desesperanzadora: «Claro que sí».
Nota: Las fotos pueden son bastantes fuertes queda bajo su responsabilidad mirarlas.